La rastra de bautizar. Ritual Protector
Semillas de trigo y de una mala hierba llamada neguilla, ramitas de cáñamo y amuletos en forma de animales, plantas e imágenes religiosas protegían a los recién nacidos aragoneses, hace poco más de un siglo, de la enfermedad, los maleficios, las brujas, los espíritus y los diablos. La rastra de bautizar es un objeto ritual protector de los niños que se compone de un cinturón de tela o banda con los mencionados amuletos colgantes, que todos los miembros de una familia utilizaban, de generación en generación, durante sus primeros meses de vida.
La rastra de bautizar es un objeto ritual protector de los niños que se compone de un cinturón de tela o banda con amuletos colgantes. Era colocado en la cintura del recién nacido y de los niños pequeños para protegerlos contra enfermedades y desgracias producidas por el mal de ojo. Los expertos destacan su gran valor antropológico cultural que revela el sincretismo del pensamiento precristiano, supersticioso y cristiano en torno a la infancia.
Este peculiar cinturón se confeccionaba con tejidos y cadenas de las que pendían amuletos, relicarios, evangelios y figuras de carácter apotropaico (mágico) que protegían al niño contra el mal de ojo. La familia guardaba las rastras y eran utilizadas por todos sus miembros de generación en generación.
La rastra de la fotografia pertenece al Museo de Abizanda y se trata de una faja de 41,5 por 27 centímetros con diferentes colgantes: un zapato, tres cilindros, una hoja, cuatro libros, una bellota, un corazón, dos peces, un cesto, una flor, una cruz, dos medallas de la Virgen del Pilar y un Cristo crucificado. Tiene, además, cintas sueltas que posiblemente también tenían objetos, así como otros elementos sueltos que acompañaban al cinturón como dos escapularios de la Virgen del Carmen, un medallón de la Inmaculada, un Agnus Dei, dos cintas y un lazo.
Diario de Alto Aragon




