Los masajes con piedras constituyen una técnica que, junto a los expertos en los centros de estética, trabajan por tu belleza a través de la relajación, además de ser una pieza terapéutica que pocas personas conocen. Esta terapia es una combinación de piedras calientes de lava basáltica y piedras frías de mármol, que se aplican sobre puntos determinados del cuerpo y se usan para masajear zonas especiales. Piedras calientes y frías, negras y blancas se alternan para masajear el cuerpo: las calientes relajan la musculatura y las frías tonifican el organismo. Existe una para cada zona del cuerpo: los hombros, las rodillas, los pies, el cuello, la nuca… Este proceso no quema ni hace daño, el masajista las desliza de derecha a izquierda, de arriba abajo, permitiendo a quien se somete al tratamiento experimentar una profunda sensación de bienestar y relax. La utilización de piedras calientes es uno de los remedios más idóneos para ayudar a relajarse y dormir profundamente.
Además expertos aseguran que este proceso es beneficioso para las personas que sufren de artritis.

En un masaje con piedras pueden llegar a intervenir más de 60 rocas volcánicas de tamaño, peso y temperatura diferente que alcanzan hasta los 60 grados centígrados.
Por ser la piedra parte de la tierra transmite energía, de ahí su utilización para este tipo de procesos. Este tipo de masaje provee de una relajación tanto síquica como corporal, llegando a convertirse en un proceso terapéutico. Los expertos afirman que para el estreñimiento se coloca una piedra desde el intestino grueso hasta el delgado y se gira en dirección a las manecillas del reloj.
Ildiko Guba, directora del centro Chi Spa de Madrid, asegura que las piedras basálticas son rocas volcánicas oscuras y densas, que cuanto más oscuras son, como la lava de Hawai, mayor es su contenido de hierro y retienen el calor por mucho más tiempo, lo que hace que aumente su poder magnético y por lo tanto sus bondades, entre las que se destaca la dilatación de los vasos sanguíneos.
La terapia geotermal tiene conexiones con la acupuntura, ya que el masaje se realiza siguiendo canales energéticos. “Se trabaja en los puntos energéticos para recuperar la energía perdida por el estrés”.
Las piedras tienen formas diversas, ya que deben adaptarse a las distintas zonas del cuerpo. Las redondas son ideales para las manos y los brazos; las alargadas, para el área del cuello; y las finas, para la espalda y los omoplatos. El beneficio más profundo y duradero se obtiene gracias al color de las piedras oscuras de origen volcánico. Estas son calentadas y apoyadas sobre la piel, presionando en las zonas donde se siente la molestia. El calor desprendido poco a poco de las piedras, contribuye a relajar los músculos. El aumento de la temperatura provoca, además, la sudoración, lo que ayuda a eliminar las toxinas.
Un poco de historia
Esta no es una técnica reciente: la dinastía china Shang usaba piedras con fines terapéuticos; los romanos tras un baño caliente se acostaban sobre mármol frío para disminuir los dolores y relajarse; las indias de América se colocaban piedras calientes sobre el vientre para aliviar los dolores menstruales y con esta misma técnica los monjes japoneses favorecían el ayuno.
Para cada necesidad
Cada roca tiene su poder curativo para cada mal.
Roca basáltica: transmite al organismo su energía y calor, con lo que se consigue relajar el cuerpo, eliminar tensiones, armonizar el flujo de la energía, iluminar la piel, oxigenarla y nutrirla.
Lapislázuli y la turquesa: ayudan a combatir los dolores.
La fluorita: es una piedra semi-preciosa que agiliza la memoria.
La ágata: ideal para los que necesitan aumentar la creatividad: pintores, escritores, periodistas, actores, músicos y publicistas.
El cuarzo: Es la piedra protectora por excelencia.
El granate: Ayuda a aumentar el poder de concentración.
Ana Bencosme www.elcaribecdn.com